El clásico cusqueño que abrió el telón del Grupo F en la Copa de la Liga 2026 no pasará a la historia por su espectacularidad en el marcador. El empate a cero entre Deportivo Garcilaso y Cusco FC en el Estadio Inca Garcilaso de la Vega reflejó un duelo cauteloso, de mucho estudio táctico y escasa precisión en los metros finales. Sin embargo, más allá de la paridad y del punto de visita rescatado en el inicio de la era del técnico Javier Rabanal, la verdadera victoria para el cuadro dorado se vivió desde el banquillo hacia la cancha: el debut profesional de tres joyas de su cantera.
Andriu Bellota, Sergio Quillahuamán y Ray Pérez, formados íntegramente en las divisiones menores del club, vieron sus primeros minutos en la máxima categoría, demostrando que el futuro de Cusco FC está en buenas manos.
La emoción del primer paso
El salto al fútbol profesional es el sueño de todo chico que pisa una academia de menores, y para Ray Pérez, la noche del 14 de junio fue la consolidación de ese anhelo. Con la humildad de quien sabe que el camino recién comienza, el juvenil destacó el respaldo fundamental que recibió del plantel principal.
“Muy feliz, la verdad, muy contento por la oportunidad que me dio el club. Mis compañeros me dijeron que tenga confianza en mí, que no me preocupe por nada, que ellos van a estar detrás de mí, apoyándome. Lo que sigue es seguir jugando y entrenando duro, como siempre, y darle con todo”.
Para Sergio Quillahuamán, el debut tuvo un sabor aún más especial. Su vínculo con la institución no es reciente; es una historia de lealtad que comenzó cuando apenas daba sus primeros pasos. En la cancha, demostró una madurez táctica envidiable, adaptándose a las necesidades del equipo por encima de sus preferencias personales.
“Es una oportunidad que he estado esperando hace tiempo y al fin se me dio. Estoy muy feliz por jugar aquí, es el club que me vio nacer; estoy acá desde los 6 años y es una alegría tremenda. Yo estoy a la disposición del profe, donde me necesite yo voy a dar todo al 100%. Me siento más cómodo jugando por la banda, pero si él quiere, yo defiendo y doy todo por la camiseta”.
Por su parte, Andriu Bellota vivió los instantes previos a su ingreso con la adrenalina a tope, pero encontró la calma necesaria en las palabras de su entrenador y en el arropo de un camerino que lo hizo sentir como un veterano más.
“Estoy muy contento, muy feliz por la oportunidad y muy alegre sobre todo. El profe me dijo que juegue tranquilo, como si estuviera en el patio de mi casa, y que todos los jugadores estarían detrás de mí para apoyarme en cada balón. Los compañeros me ayudaron bastante y me supieron guiar en todo el camino”.
Un mensaje para los que vienen detrás
Haber recorrido el arduo camino desde las bases hasta el primer equipo convierte a estos tres talentos en referentes inmediatos para los más chicos. Al ser consultados sobre qué le dirían a sus compañeros de las categorías menores que aún aguardan su momento, los tres coincidieron en una fórmula innegociable: paciencia y trabajo.
Ray Pérez fue contundente al asegurar que la oportunidad siempre llega, pidiendo “solo disciplina y esfuerzo, nada más”. Quillahuamán apeló a la fe y la perseverancia, recordándoles que “sigan esforzándose al 100%, porque todo llega, Dios tiene un propósito y va a llegar”. Finalmente, Bellota dejó una reflexión profunda sobre el entorno familiar, señalando que el éxito no solo requiere de sacrificio en la cancha, sino también de ser agradecidos y “saber valorar a sus padres” para llegar a ser grandes.
El 0-0 quedará para las estadísticas de la Copa de la Liga, pero para Cusco FC, este clásico marcó el inicio de una nueva generación dorada.

